Fabian Castellera (el tonto de la foto) ha vuelto a ganar la prueba ciclista París-Roubaix. Yo me pongo en la piel de la mujer del suizo y sinceramente no lo dejo entrar en casa. Ya van tres victorias. Se ve que la carrera -que no tengo ni idea de cuantos días u horas dura- no es moco de pavo. Pero el premio es siempre el mismo : un adoquín de tres pares. Y la verdad, si yo fuera su esposa y fuese la tercera vez que el imbécil de mi marido se largase a pedalear por ahí con sus “amigachos” dejándome al cuidado de la casa, el trabajo, los niños y encima volviese reluciente de contento con su pedrusco, me lo pensaría bastante. Lo de pincharle las ruedas de la bici y y atar los tres adoquines de donde yo me sé, lo haría cuando estuviera dormido, rendido por la gesta ciclista; para el resto de acciones me sentaría con calma, papel y boli. Y si eso se me ocurre a mi, qué no se le ocurrirá a su mujer. Mira, ahora me da pena el Fabian Castellera.
No hay comentarios:
Publicar un comentario